Dr. Juan Manuel Jimenez Muñoz

 Y este segundo también fue censurado y escrito después del primero que fue censurado, después de haberle "castigado" sin poder publicar en tres días.

HE VUELTO. PERO REHABILITADO.

Hola, amigos. Hola, amigas. Hola a todos, a todas y a todes.

Hace diecinueve días, para purgación de mis pecados, a cuento de la huelga de médicos convocada en toda España, se me ocurrió escribir un artículo titulado “La Atención Primaria ha muerto”. Y apenas nueve horas después, como por arte de magia, cuando 3000 lectores lo estaban haciendo viral, mi artículo desapareció de Facebook y me sobrevino un castigo: la prohibición de publicar y el internamiento en un Campo de Reeducación durante dos semanas.

Decía mi admirado Paco Umbral que la libertad de expresión posee dos utilidades: tener informadas a las putas y mantener inquieto al Gobierno. Pues bien: se ve que he molestado a las putas.

Lo del Campo de Reeducación ha sido duro. Pero he vuelto reeducado. Ya no soy el mismo hombre. Yo ya soy otro. Tras dos semanas en el Archipiélago Gulag, como Saulo al caer del caballo, he visto por fin la Luz. La Luz. La Luz. La Luz.

Ingresé en el Archipiélago Gulag al día siguiente de mi tremendo error en el Facebook. Vinieron a buscarme dos loqueros. Y así, sujeto por una camisa de fuerza, con un Largactil en el cuerpo, fui a parar al Campo de Reeducación número Cinco, que tiene muy mala rima, pues rima con Telecinco.

Pero ahora, una vez reeducado, entiendo lo sucedido y no guardo rencor a nadie. Es lo normal. Es lo justo. Sólo un loco podría poner en tela de juicio la política de su Gobierno. Sólo un loco podría discrepar de sus continuos aciertos en materia sanitaria, educativa, económica, territorial y lingüística. Y sólo un loco no cantaría, a voz en grito, “qué buenos son los señores del Gobierno; qué buenos son, que nos llevan de excursión”. Cagoentó.

Horroroso, lector. Horroroso. Qué equivocado estaba en esa vida anterior. Qué ofuscadas tenía las neuronas antes de mi internamiento. Cuántas herejías han salido de mi boca antes de acabar en el Campo de Reeducación número Cinco, por el culo te la hinco. Pero he vuelto reeducado. El libro Rojo de Mao hace milagros.

Decía el presidente Adams, uno de los Padres Fundadores de Estados Unidos y firmante también de la Declaración de Derechos del Hombre, que prefería un país sin Gobierno a un país sin prensa. Otro equivocado. Otro fascista. Y yo, para mi vergüenza, pensaba hasta hace poco parecido. Pero he cambiado. Ahora prefiero un país sin prensa a un país sin putas. Dónde va a parar.

A los pocos minutos de mi internamiento en el Archipiélago Gulag, tras desnudarme por completo y despiojarme con insecticida, me sometieron a una ducha con la manguera a presión. Y eso, quieras que no, hace que las cosas se empiecen a ver de otra manera.

A las pocas horas de la ducha, tras tomarme las huellas dactilares y hacerme cantar “La Internacional”, fui trasladado al Campo de Reeducación que rima con Telecinco. Y allí, amarrado al potro de tortura, se hizo cargo de mí la Sección de Verdades Verdaderas (Subsección de Ocurrencias Reveladas por el Líder). Tipos listos aquellos. Y eficientes en su trabajo. Yo ya soy otro.

El primer día, como norma general, lo dedican a analizar contigo el artículo periodístico por el que has sido encarcelado. En mi caso, dado que se trataba de “La Atención Primaria ha muerto”, acabé convencido de que jamás se han contratado tantos médicos en España como ahora, y de que nunca las enfermeras han trabajado tan a gusto como en estos meses de pandemia, y de que jamás los Centros de Salud han atendido a los pacientes con tanta agilidad y eficiencia como a través del teléfono. En fin: pelillos a la mar. En materia sanitaria, yo ya soy otro.

Pero bueno. No acaba aquí el trabajo de la Sección de Verdades Verdaderas (Subsección de Ocurrencias Reveladas por el Líder). La rehabilitación ha de ser completa antes de permitirte, de nuevo, nadar en el proceloso mundo de Facebook. Y nada mejor que una encuesta para conocer tus debilidades. De hecho, me pasaron una bastante curiosa. Constaba de quince preguntas, aunque sólo recuerdo tres. Cosas del pentotal sódico.

a-¿Qué político actual le merece peor valoración, y por qué Pablo Casado?

b-¿Cuál de los tres partidos integrantes del trifachito le parece más fachito: VOX, Ciudadanos o el Partido Popular?

c-En una escala de 0 a 10, siendo 0 lo buenísimo y siendo 10 la excelencia, ¿cómo calificaría la gestión de la pandemia por el Gobierno de Sánchez?

Entiendo, amigo lector, que la encuesta te pueda parecer más sospechosa que Cristina Cifuentes rondando una estantería de Mercadona. A mí me sucedió igual: al principio me quedé patidifuso, y más mosqueado que la cuidadora de Echenique al cobrar a fin de mes. Pero ahora he visto la Luz. La Luz. La Luz. La Luz. Y lo que es peor: he visto el recibo de La Luz. Y ahora lo entiendo todo. Y todo tiene sentido. Incluso Tezanos.

Las noches en la celda de castigo eran terribles. Lo peor de cada noche era la desoladora soledad. Allí estaba uno más solo que un votante de Podemos en Galicia. Más solo que Santiago Abascal en la moción de censura al Gobierno. Y más solo que Felipe González dando consejos de padre al Partido Socialista. Y esa soledad, quieras o no, te permite reflexionar y abjurar de tus errores. Yo ya soy otro.

En fin. Por resumir: tras dos semanas de tratamiento intensivo en el Campo de Reeducación número Cinco, la Sección de Verdades Verdaderas (Subsección de Ocurrencias Reveladas por el Líder) ha hecho de mí un hombre nuevo. Y hoy, en este mismo momento, ya tengo permiso gubernativo para publicar en Facebook. Es más: como decía Paco Umbral, jamás pronunciaré una palabra que pueda molestar a las putas. En el sentido más amplio de la expresión.

Y es que ahora, tras mi reeducación en el Archipiélago Gulag, son para mí evidentes ciertas cosas que antes no lo eran. Más evidentes que el sarro dental de Pablo Iglesias. Más evidentes que el negocio familiar en que se ha convertido Podemos. Y más evidentes que el latrocinio de don Juan Carlos de Bribón y Bribón. El muy bribón.

Ahora, por fin, creo en la cultura antiheteropatriarcal y en las gallinas veganas. Asimismo, creo firmemente en el desdoblamiento de género al escribir las novelas. Creo en la inocencia absoluta del Mayor Trapero, y en el indulto inmediato a los sediciosos catalanes. También creo que la pandemia de coronavirus nos ha hecho más fuertes y más sabios, y que los muertos no han pasado de 30.000. Creo que el castellano no debe enseñarse en las escuelas de España, pues es una lengua muerta en comparación con el bable. Más aún: creo que los antiguos etarras de Bildu deben pilotar sin tardanza la dirección del Estado. Y creo, para finalizar mi discurso, que es bueno para el país pasar al Bachillerato con asignaturas suspensas en la ESO, y pasar a la Universidad con asignaturas suspensas en el Bachillerato; y, en unos años, ejercer de médico o de arquitecto con asignaturas suspensas en la Universidad. Eso nos hará más libres. Y más empoderados. Y más de todo.

Y bueno. Ya puestos, por unos guantazos más, incluso estoy dispuesto a creer que Fernando Simón se peina, que Puigdemont es un patriota, que Rufián no es un rufián, que Irene Montero está capacitada para dirigir un Ministerio y que Salvador Illa entiende de Medicina.

Cagoentóloquesemenea.

Firmado:

Juan Manuel Jimenez Muñoz.

Médico y escritor rehabilitado por el Régimen.

Nihil Obstat.

Juan Manuel Jimenez Muñoz


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