JuanManuel jimenez Muñoz 2
LA ATENCIÓN PRIMARIA HA MUERTO.
Mañana, 27 de octubre, hay huelga de médicos en
toda España. Una huelga que durará un solo día y que, como ya es tradicional,
no se notará en absoluto.
Seguramente, lector, tú no habrás oído nada. Los
medios de comunicación –ya se sabe– no están para tonterías: la liga de fútbol,
la Moción de Censura, la Isla de las Tentaciones, Pasapalabra y Sálvame, se
encargan de mostrar lo interesante.
Aunque también es verdad que, con la que está
cayendo, a nadie le importa un pepino lo que los médicos pidamos o dejemos de
pedir. Como todo el mundo sabe, somos unos privilegiados: nos regalaron el
título, trabajamos casi siempre bajo techo, tratamos a los pacientes por
teléfono (sólo el día que nos sale de los huevos descolgar el aparato) y
tenemos sueldo fijo. Bueno. Y eso sin contar los miles de millones que el
Gobierno nos regala en productividad por recetar genéricos, y los miles de
millones de la industria farmacéutica por mantener engañada a la población con
el coronavirus: por no decir que las ondas electromagnéticas tienen la culpa de
todo, que una conspiración judeomasónica se ha adueñado de la Tierra, y que el
dióxido de cloro, en esencia o en lejía, es la solución a los problemas.
Y cuando digo que a NADIE le importa un pepino
esta huelga, incluyo a los propios convocantes: sindicatos dubitativos y
colectivos diversos que, a modo de “lava-conciencias”, usarán el día de mañana
para demostrar a los demás, y a sí mismos, que “algo se está haciendo por la
Sanidad Pública”.
Y es que una huelga, querido lector, es algo
serio. Pero una huelga de un día es una broma. En una huelga de un día la
administración se descojona: te coloca unos servicios mínimos de infarto y, encima,
se ahorra los sueldos de quienes secundan el paro.
Aun así, aun sabiendo que lo de mañana es un
movimiento vacuo, el abajo firmante, médico de profesión, ofrece todo su apoyo
a los convocantes y secundará la huelga. Lo haré por simple pudor. O por vergüenza.
Pero vayamos a lo que mejor conozco: la Atención
Primaria.
En España, la Atención Primaria ha muerto. Ya es
un cadáver. Y a los cadáveres, para que no despidan hedor, se les entierra.
Ni miles de huelgas juntas resucitan los
cadáveres. Aunque éste, el de la Atención Primaria, tuvo posibilidad de
resucitar en los primeros minutos en que le faltó el oxígeno. ¿Cómo? Muy fácil.
Con una reanimación cardiopulmonar a base de lo siguiente:
<<Perfusión por vía central de billetes de
500 euros; oxigenoterapia intensiva con contratos indefinidos, oposiciones
resueltas, traslados ágiles y sustituciones inmediatas a los jubilados o
ausentes; adrenalina intracardiaca mediante salarios competitivos con los
países vecinos, nuevas tecnologías de imagen y trabajo en equipo con el
hospital; y cardiocompresión torácica con sanciones rápidas a los agresores, y
con bastante más tiempo de consulta para atender a los pacientes como ellos se
merecían… y se merecen: como personas que son, y no como tornillos que se
enroscan>>.
En esos primeros minutos (y hablo de las décadas
1990-2010) el “paciente” se hubiese salvado con las enérgicas medidas de
reanimación cardiopulmonar que arriba he descrito. Pero no. No se hicieron. Y
así, con la Atención Primaria casi en muerte cerebral, llegó la década
2010-2019. Una década en la que la Atención Primaria aún no hedía, porque
estaba artificialmente sedada en la UCI y con ventilación mecánica. Una década
en la que ya daba igual que la plantilla estuviese al completo, a la mitad o a
la cuarta parte. La década prodigiosa de un paciente por minuto. Una década en
la que se usaron a los MIR como mano de obra barata en los Centros de Salud (en
los hospitales ya era tradición). Una década en la que todas las Comunidades
Autónomas (insisto: TODAS) competían entre sí por ver cuál de ellas recortaba
más en sanidad, se mostraba más cabrona con sus empleados y se arrodillaba más
a la exigencias europeas de austericidio. Una década con las zonas rurales
desguarnecidas de médicos y pediatras. Una década en la que te pegaban los
pacientes con la mano abierta, y mejor era callarse. Una década en la que no
pararon de inventar programas y jodiendas para justificar el sueldo de los
miles de directivos dedicados a supervisar el trabajo de los cada vez menos miles
de indios. Una década de privatización encubierta (o brutal) de los servicios
públicos. Y una década en la que 28.528 médicos (¡que se dice pronto!) se
marcharon de España para no volver jamás. Agotados. Hartos de malos contratos,
malos modos y malos sueldos. Hartos de recibir vejaciones como premio a sus
muchos años de preparación y estudio. Hartos de gestores infames, de políticos
infames y de pacientes infames. Sí, lector. También de pacientes infames.
Pocos, por supuesto. Que nunca son todos lo que están, pero sí los suficientes
para amargarte la vida.
Y así, sedada e intubada la Atención Primaria,
cadáver ya pero sin hedor, llegó nuestro amado coronavirus en marzo de 2020.
Entonces, el cadáver se desconectó del respirador y empezó a descomponerse. Y a
oler.
Porque sólo a un muerto se le pueden hacer las
perrerías que se le vienen haciendo a la Primaria desde marzo sin que un agudo
chillido rompa los tímpanos de alguien. Y porque sólo a un muerto se le puede
hendir el bisturí, sin anestesia, sin que se escuche un quejido.
¿Qué otra cosa que un muerto toleraría que los
médicos fuesen telefonistas-apañadores en lugar de médicos? Telefonistas para
la clínica. Telefonistas para la burocracia. Telefonistas para todo. Un “todo”
absolutamente total, siendo tan pocos.
¿Qué otra cosa que un muerto toleraría dedicar su
"tiempo de consulta” a rastrear a un hijoputa de 17 años que ha infectado
a sus colegas por culpa de una cachimba?
¿Qué otra cosa que un muerto toleraría amenazas e
insultos en las redes sociales sobre “los Centros de Salud cerrados”, sin que
una voz autorizada de cada Consejería se alce para explicar la razón de las
decisiones POLÍTICAS que ELLOS han tomado y toman?
¿Qué otra cosa que un muerto toleraría que,
mientras los médicos especialistas se marchan al extranjero, se contraten en
España a médicos que aún no tienen la especialidad?
Y… ¿qué otra cosa que un muerto toleraría que,
mientras los médicos especialistas se marchan al extranjero… se contraten
extranjeros para ejercer en España?
Y por eso, como antes dije, ante un muerto que
hiede no sirven las huelgas. Sólo sirve un entierro. Sólo sirve inventar “otra
cosa”. "Otra cosa" que la sustituya. “Otra cosa” con otros gestores,
con otros presupuestos y con otros profesionales. Por eso, sólo sirve marcharse.
Marcharnos todos. Marcharnos los médicos titulares de más de 60 años. Marchar
los eventuales. Marchar los interinos. Marcharnos todos a la vez, y que venga
lo tenga que venir: esa “otra cosa”. Marcharnos todos a la vez, y que nos jodan
a todos. A mí, el primero.
Amigos míos:
La Atención Primaria ha muerto.
¡Viva la Atención Primaria!
Firmado:
Juan Manuel Jimenez Muñoz.
Médico y español
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